La vida de Dana es un perfecto ejemplo de por qué el conflicto armado debe evitarse a toda costa. Ella todavía recuerda los años felices antes de la guerra civil: su hermosa casa, su amado esposo y sus tres maravillosos hijos. Solía llevar una vida sencilla y feliz.
La guerra lo cambió todo. Una bomba le arrebató a Dana toda su vida. Su casa fue destruida y toda su familia murió. El ataque no pudo ser identificado, ni siquiera sabía a qué bando culpar.
Fue entonces cuando Dana se unió a las fuerzas del orden para detener toda aquella locura. Su servicio fue tan ejemplar que llegó a alcanzar el puesto de teniente general.
Ahora, a sus 62 años, mantiene esa posición dentro de las patrullas del orden. Dana no está especialmente conforme con la gestión del gobierno, pero sabe que cualquier cosa es preferible a otra guerra civil.
Recientemente, descubrió que uno de sus hijos (no sabe cuál) logró sobrevivir al bombardeo y unirse a la resistencia. Ahora Dana se encuentra en una gran encrucijada. Para ella, acabar con la resistencia siempre había significado garantizar la paz; pero ahora también significaría acabar con su única familia.



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